Albarracin

De tapices
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Albarracín

Aragón

Provincia Teruel

Municipio Albarracín

Emplazada en un lugar apartado de las grandes vías de comunicación, en un altiplano aireado bajo un cielo siempre azul, la medieval Albarracín —que surge al pie de una sierra cuyo nombre posee resonancias mitológicas (los Montes Universales) y rodeada del caprichoso tajo que crea el río Guadalaviar— parece una ciudad antiquísima, perdida y remota, que hubiese sido erigida junto a las puertas del cielo.



Los orígenes

Albarracín tiene antiguos orígenes. Podría haber sido el emplazamiento de la antigua Lobetum, ciudad celtíbera de los lobetanos citada en las fuentes clásicas, y con la caída del Imperio Romano de Occidente su estratégico asentamiento propició que se convirtiera en una suerte de refugio en tiempos convulsos. En época visigoda hubo ya una comunidad cristiana, que al parecer rebautizó la población como Santa María de Oriente.


El esplendor árabe

Pero fue la llegada de los árabes la que le dio su esplendor. Erigida en plaza fuerte defensiva de sus dominios —y buena prueba de ello es el imponente recinto amurallado defensivo que culmina en el castillo del Andador—, con la desmembración del califato de Córdoba en las primeras décadas del s. XI pasó a constituirse en la capital de un poderoso reino de taifa gobernado por la familia bereber de los Banu Razin, de cuyo apellido proviene etimológicamente el nombre de Albarracín. Después de varias décadas, cayó en poder de los almorávides en 1104.


Los tiempos de su independencia de facto

En 1145, con los almorávides expulsados de la Península Ibérica, la disputa por su posesión entre los reyezuelos musulmanes de Valencia y Murcia se resolvió en favor de este último, el famoso “Rey Lobo”, quien cedió la ciudad al caballero navarro Pedro Ruiz de Azagra por los servicios prestados a sus órdenes. Así, durante varias décadas, y beneficiada también por su situación geográfica, Albarracín fue prácticamente independiente tanto de árabes como de los reinos cristianos, como señorío absoluto primero de los Azagra —fue repoblada por navarros, cuyas huellas en la zona todavía se conservan, y en 1260 recibió su primer fuero, de manos de Teresa Álvarez de Azagra—, luego de una rama de la no menos noble Casa de Lara, castellana, y a continuación del infante Fernando de Aragón.


La integración en Aragón

Esta situación perduró varias décadas más a pesar de que en 1300 Jaime II de Aragón la incorporó a la Corona aragonesa y le dio el título de Ciudad y el privilegio de ocupar el segundo lugar en las Cortes del reino. Fue Pedro IV de Aragón quien, en 1379, consumó la incorporación definitiva de Albarracín a la Corona, mediante un pacto firmado en Fraga con los representantes del señorío, aunque, eso sí, conservó una independencia administrativa y judicial casi total: hasta finales del siglo XVI se rigió bajo la autoridad de un juez. En 1598 se incorporó a los Fueros generales de Aragón, renunciando a su foralidad propia, y comenzaría entonces su paulatino declive, agravado por los daños provocados por el Ejército francés en su industria durante la Guerra de la Independencia (1808-1814).


Su patrimonio artístico

La ciudad de Albarracín fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1961, recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1996, y en la actualidad está a la espera de que la Unesco confirme su inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad. La ciudad contiene un espléndido muestrario de iglesias y templos cristianos medievales, de fortificaciones y murallas de orígenes árabes, y de palacios y casonas renacentistas, que por sí solo ya justifican su renombre. Pero además posee la singularidad que le otorga su arquitectura popular y tradicional, con el empleo de madera y el popular yeso rojizo que a la luz del atardecer le da su característico color. Las plazas Mayor y de la Comunidad son dos de los rincones más pintorescos de su casco urbano.


La catedral del Salvador

Albarracín tiene catedral, pues durante muchos siglos fue también sede de obispado. Consagrada al Salvador, fue construida a principios del siglo XIII, aunque lo que hoy vemos corresponde en su mayoría a las reformas del siglo XVI. Destacan sus bóvedas de crucería estrellada del gótico final, sus capillas-hornacina renacentistas, la torre-campanario, el claustro de traza románica, el palacio episcopal adosado y el arte sacro de su interior: el altar mayor esculpido por Cosme Damián a mediados del siglo XVI y los objetos que guarda el Museo Catedralicio de su sala capitular: entre ellos, unos espléndidos tapices flamencos del s. XVI.


Murallas y fortificaciones

El recinto fortificado que rodea el casco urbano fue construido en dos etapas distintas. De la primera fase, anterior al año 1000, se conserva el bastión denominado “alcázar” y la Torre del Andador, y corresponde a la época de la dominación árabe. En el s. XI los reyes árabes de Albarracín levantaron las murallas que rodearon el arrabal y tras la conquista cristiana, los nuevos señores y luego los reyes de Aragón erigieron nuevos tramos de murallas, así como la mayoría de los fuertes y torres que se conservan en la actualidad.


Iglesias, conventos y palacios

Entre el resto de edificios de la singular Albarracín, merecen mencionarse la iglesia de Santa María, el templo cristiano más antiguo de la ciudad, convertida en convento dominico en el siglo XVII al que se incorporó el torreón del Castillo de Doña Blanca, donde se instaló la biblioteca conventual. También la iglesia de Santiago, del s. XVI, o los conventos de dominicas de San Bruno y San Esteban y el de Escolapios, todos ellos barrocos. De su arquitectura civil cabe mencionar los numerosos palacios señoriales con portadas blasonadas, de los siglos XVI a XVIII, como los de los Navarro, los Monterde, Antillón y de la Brigadiera.


Información turística

Oficina de Turismo Comarcal Sierra de Albarracín

C / San Antonio, 2

44100 Albarracín

Teléfono: 978 710 251

www.albarracin.org



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