Hércules en el jardín de las Hespérides

De tapices
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Hércules en el jardín de las Hespérides

En el tapiz se recogen dos escenas. En el primer plano, un dragón de uñas y colmillos amenazadores impide el paso a Hércules que se dispone a golpearlo con su maza, mientras su sobrino Yolao observa sin intervenir en la lucha. Detrás de la cerca que delimita el jardín, Hércules recoge las manzanas de oro sin que las tres Hespérides, sentadas en el suelo, muestren aparente interés.



El jardín de la diosa Hera

Este es el último, o penúltimo según otras versiones, de los trabajos encargados a Hércules por Euristeo, un trabajo difícil tanto por los peligros que tuvo que sortear en el camino como por el mismo hecho de robar las manzanas de oro. Gea (la Tierra) regaló estas manzanas a Hera con motivo de su boda con Zeus. La diosa las plantó en su jardín, que se encontraba a los pies del monte Atlas.


Los guardianes de las manzanas

Para evitar que fuesen robadas, la diosa puso como guardianes a un dragón inmortal de cien cabezas -que en el paño se representa con una sola- y a las Hespérides, las tres hijas de Atlas y Hesperis, que en el paño aparecen conversando sin ejercer su labor de protectoras de las manzanas.


El robo

Hércules, una vez dormido el dragón, accede al árbol maravilloso y arranca los frutos dorados. Tres árboles junto a las Hespérides quizá signifiquen que éstas, una vez que dieron cuenta de lo que había ocurrido, desesperaron y acabaron convertidas en árboles. Otra versión dice que Hércules envió a propio Atlas a recoger las manzanas mientras él sostenía la bóveda celeste, pero a ella no se hace referencia en el tapiz.


Grandes dificultades en el camino

Para llegar a los que se consideraba confines del mundo, Hércules tuvo que sortear grandes peligros y conseguir información sobre el lugar preciso dónde se encontraba el jardín de Hera. Al parecer solo el dios marino Nereo sabía la ubicación, quien accedió a decírsela a Hércules después de que éste le atara y decidiese no soltarle si no se la facilitaba. Por el camino tuvo que luchar con Anteo (escena que se representa en el tapiz anterior) sin que esté claro si fue a la ida o al regreso. Entre otras hazañas mató de un flechazo al águila que todas las noches devoraba el hígado al titán Prometeo, encadenado en el Cáucaso por haberse atrevido a robar el fuego divino y dárselo a los humanos.


Después de tanto esfuerzo las manzanas retornaron a su jardín

Al final Hércules llegó con las manzanas ante Euristeo, quien no supo que hacer con ellas y se las devolvió al héroe; éste se las ofreció a Atenea, quien a su vez las restituyó al jardín divino.


Serie Trabajos de Hércules

Quinto paño de los conservados de la serie

Modelo Desconocido

Manufactura Willem Dermoyen, Bruselas, c. 1528

Materia Seda y lana

Medidas 370 x 397 cm

Situación Palacio Real de Madrid

Procedencia En la colección real desde Felipe II

Exposición Real Armería



MAZ



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