Jardín de las Delicias

De tapices
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Jardín de las Delicias

Este tapiz copia el tríptico conocido hoy como “El Jardín de las Delicias”pintado por Jerónimo Bosco entre 1500- 1510. Aunque actualmente se conserva en el Museo del Prado, proviene del monasterio de El Escorial, a donde Felipe II lo donó en 1593. Como es habitual en los trípticos del artista holandés, representó en una de las alas laterales que cerrarían el tríptico “El Paraíso” y en la otra “El Infierno”, consecuencia que espera a los que llevan una vida licenciosa como los representados en la tabla central.



El Paraíso

En el extremo izquierdo, dedicado al Paraíso terrenal, aparece en primer plano Adán y Eva desnudos, creados por Dios Padre, aunque con rasgos de Cristo, en medio de ellos. Está invertido respecto al cuadro en el que se inspira, como es habitual en los tapices. En el plano medio, El Bosco incluye en el centro la fuente de los cuatro ríos del Paraíso, a la izquierda el drago -un árbol procedente de Canarias que se asocia con el árbol de la vida-, y a la derecha el árbol de la ciencia del bien y del mal, con la serpiente enrollada en el tronco. Entre los animales, destacar la presencia de una jirafa africana.


El jardín de las Delicias

Representa el mundo una vez que los primeros padres son desterrados del Paraíso tras cometer el pecado original. En esta zona se agolpa una multitud de figuras desnudas en grupos o en parejas. Asimismo se aprecian otras razas aparte de la blanca. También encontramos entre ellos animales, plantas y frutas, en ocasiones adoptando formas fantásticas. El principal pecado que se criticaría en esta ocasión sería la Lujuría. En el plano medio, El Bosco situó un estanque lleno de mujeres desnudas. Fuera de él, gira a su alrededor un grupo de hombres sobre cabalgaduras distintas -algunas fantásticas-, alusivas a los pecados capitales. En la parte superior el pintor incluyó cinco construcciones fantásticas sobre el agua, la central similar a la fuente de los cuatro ríos del panel del Paraíso, aunque resquebrajada. Con esta imagen se hace referencia a la fragilidad y al carácter efímero de las “delicias” que gozan los seres humanos que pueblan este jardín.


El Infierno

Llama la atención la presencia de varios instrumentos musicales en los que son torturados los pecadores condenados. Se ha interpretado como que dedicaron su tiempo a la música profana, como los amantes de la parte superior de la tabla central del tríptico de “El carro de heno. De toda la escena, lo que más atrae la atención es el plano medio con la figura del hombre-árbol -asociado con el demonio-, tanto por su color claro sobre fondo oscuro, como por su gran tamaño en relación a los otros personajes. Si en el Jardín de las Delicias dominaba la lujuria, en el Infierno reciben su castigo todos los pecados capitales. Buen ejemplo de ello es el monstruo sentado en el primer plano, que devora hombres y los expulsa por el ano -avaros-. Y, sin duda, alude a los glotones -al pecado de la gula- el interior de taberna del tronco del hombre-árbol, en el que los personajes desnudos sentados a la mesa esperan a que los demonios les sirvan sapos y otros animales inmundos, al igual que se destina a los envidiosos el suplicio del agua helada. Tampoco faltan castigos para los vicios censurados por la sociedad de la época, como el juego, o para alguna clase social, como el clero tan desprestigiada entonces, como se verifica en el cerdo con toca de monja que abraza a un hombre desnudo, en el extremo inferior.


Serie Tapices de El Bosco

Cuarto paño de la serie

Modelo inspirado en pinturas de Jerónimo Bosco

Manufactura Bruselas, antes de 1560

Materia Oro, plata, seda y lana

Medidas 292 x 492 cm

Situación Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

Procedencia Colección del cardenal Antonio Perrenot de Granvela

Exposición Salones de Honor

Patrimonio Nacional Inv. n. 10004013



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