Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid

De tapices
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Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid

En pleno centro de la capital de España se nos aparece un rincón del antiguo Madrid de los Austria. Un monasterio de clausura, de aspecto sobrio y recatado al exterior, pero que explosiona en riqueza artística en su bello interior, acondicionado como museo.



Plaza de las Descalzas

Horarios de visita De martes a sábado: de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:30. Domingos y festivos: de 10:00 a 15:00

Tarifas General 7€, Reducida 4€

Teléfono (+34) 91 454 88 00

Fax (+34) 91 542 69 47

http://www.patrimonionacional.es/Home/Monasterios-y-Conventos/Monasterio-de-las-Descalzas-Reales.aspx


El edificio

El monasterio de Nuestra Señora de la Visitación, o de las Descalzas Reales, es un convento de monjas de clausura de la Orden de Santa Clara, que fue fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana del rey Felipe II de España, viuda del príncipe Juan Manuel de Portugal y madre del futuro rey Sebastián de Portugal. Su fundadora fue enterrada aquí tras su muerte.

Situado en el centro del Madrid de los Austria, se trata de un complejo renacentista —iglesia, claustro residencia conventual—, de un sobrio clasicismo, que no sólo recoge un rico pasado histórico y cultural —por ejemplo, su capilla musical fue de las más importantes del reino: la dirigieron y trabajaron en ella compositores como, por ejemplo, el gran Tomás Luis de Victoria—, sino que conserva en su interior obras de arte, catalogadas hoy en día como museo visitable.

El monasterio de las Descalzas Reales era en su origen un palacio construido a instancias del emperador Carlos V; allí nació, en 1535, su futura fundadora, la infanta doña Juana. A finales de la década de 1550, el alarife Antonio Sillero adaptó el edificio para albergar el monasterio de las clarisas, fundado por Juana de Austria. La fachada del monasterio, en el estilo del primer Renacimiento toledano, fue realizada por el propio Sillero en 1559; el templo anejo y su fachada son obra (h. 1561) de Juan Bautista de Toledo; y en 1756, Diego de Villanueva realizó una reforma de la iglesia.

Es muy ilustrativa del estilo de Juan Bautista de Toledo la fachada de la iglesia; sobria, con piedra granítica, viuda de ornamentación, de despojada geometría (cuadrados, rectángulos en combinación) y una claridad clásica apenas imaginada entonces por sus compañeros de oficio. En el interior, las gradas del altar, sacristía y coro fueron obra de Juan Gómez de Mora (1612), y el desaparecido retablo mayor fue concebido por Gaspar Becerra en 1565.


El museo

Pero la importancia de las Descalzas Reales radica no tanto en el edificio en sí como en las obras de arte que en él se conservan, tanto en sus paredes como en sus salas museísticas. Por ejemplo, la decoración al fresco, obra de Claudio Coello, Francisco Rizi, Antonio de Pereda y Luca Giordano, entre otros. También destacan sus colecciones de escultura, con obras de Gregorio Fernández, Juan de Mena, Gaspar Becerra o Pompeo Leoni, a quien se debe el mausoleo en mármol de la fundadora. De Becerra, además del desaparecido retablo mayor, es un Cristo yacente, de acusado dramatismo y monumentalidad, que constituye una imagen procesional que todavía se utiliza en las procesiones de Semana Santa que tienen como núcleo este monasterio.

En cuanto a pintura, se encuentra en él representación de las escuelas flamenca, italiana y española. Por ejemplo, de Alonso Sánchez Coello (Los infantes don Diego y don Felipe, el infante don Fernando); Juan Pantoja de la Cruz (La infanta Ana de Austria); Eugenio Orozco (La Adoración de los Reyes); Claudio Coello (un Carlos II); Antonio (Inmaculada) y Sebastián de Herrera Barnuevo (retablo de Nuestra Señora de Guadalupe); Antonio (retrato de sor Margarita de la Cruz) y Francisco Rizi; Tiziano; Juan Carreño de Miranda (La Coronación de la Virgen); Brueghel el Viejo; Francisco de Zurbarán o Bartolomé Esteban Murillo.

También cabe destacar la colección de arte sacro (marfiles, crucifijos de escuelas alemana, española y filipina de los siglos XVI y XVII, etc.), y muy especialmente la serie de tapices, entre los que sobresalen la serie de los realizados sobre cartones de Peter Paul Rubens. Se trata de una magnífica serie de veinte tapices sobre El triunfo de la Eucaristía (1625-1626), elaborados en Bruselas con la firma de J. Raes y Geubels, cuyos bocetos al óleo guarda el Museo Nacional del Prado. Rubens concibió por encargo de la infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, que iba a residir los últimos años de su vida en este convento.

Este trabajo, en el que el pintor puso un interés particular, fue uno de los proyectos más importantes ejecutados a finales de ésa década; en él desplegó toda su capacidad retórica y efectista, y la puso al servicio de un sentimiento católico triunfante y orgulloso. La profusión de símbolos, alegorías y referencias a la Antigüedad que hay en estas obras es un modelo de la mezcla cultural de cristianismo y mundo clásico, tan viva en las cortes europeas de entonces, que Rubens supo recrear como ningún otro pintor de la época. Los tapices llegaron a España un poco después de que lo hiciera el propio autor en su segundo viaje (septiembre de 1628).



FP



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