Objetos valiosos

De tapices
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El Honor.
Segundo paño de la serie Los Honores.
Manufactura de Pieter van Aelst, Bruselas, c. 1520, en oro, plata, seda y lana (500x1000 cm).
Viajó como muestra de la serie hasta España en 1525, para que el emperador Carlos V decidiese comprar estos tapices.
Palacio de la Granja de San Ildefonso, Segovia.

Objetos valiosos

Dos factores influían en el elevado coste de los paños: el tiempo necesario para su manufactura y, especialmente, la calidad de los materiales. Entre los siglos XV y XVIII la mano de obra de los tejedores era barata. No obstante, tapices que alcanzaban diez metros de anchura y cuatro de altura (dimensiones en absoluto excepcionales pues los hay mayores), exigían muchas jornadas, a veces años, y varios tejedores trabajando a la vez. Cada uno podía cubrir una anchura de algo menos de un metro, lo que suponía al menos cuatro tejedores laborando a la vez en un tapiz como el propuesto. Teniendo en cuenta que en una jornada sólo podían avanzar unos pocos centímetros (esto dependía de lo tupida que fuese la trama), se entiende que el coste de la mano de obra acabara siendo importante. Pero el factor que más influía en el precio era la utilización de preciados materiales: la seda era cara, y mucho más los hilos con plata, y especialmente con oro, de manera que, aunque el coste final dependiera de los componentes, siempre era elevado.

Podemos hacernos una idea de los precios que alcanzaban los tapices si los comparamos con los de las pinturas en la misma época. Cuando murió la reina Isabel la Católica en 1504 se procedió a la venta de sus bienes. En la tasación previa, llama la atención que las tablas del llamado Políptico de Isabel la Católica, atribuidas a los pintores Michel Sittow y Juan de Flandes, se apreciasen en torno a 1.500 maravedís cada una, cantidad no menor para una pintura, pues una tabla de El Bosco –en ella aparecía escrito “Jeronimus”– solo se estimó en 170 maravedís. Frente a esto, uno de los tapices que poseía la reina, Resurrección de Lázaro, alcanzó una tasación de 150.000 maravedís. No es un caso extremo; Felipe II medio siglo después pagó cerca de tres millones de maravedís por los ocho paños que conforman la serie del Apocalipsis (Patrimonio Nacional, serie 11).

A pesar de su frialdad, las cifras no dejan duda respecto al valor que se daba a los tapices en comparación con las pinturas, y es que hasta el siglo XVIII la tapicería fue la principal entre las artes visuales, algo que se aprecia en la función ceremonial y representativa que tenían los tapices en las celebraciones más significativas.

Miguel Ángel Zalama



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