Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

De tapices
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Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

El monumental conjunto de San Lorenzo de El Escorial —formado por monasterio, iglesia, palacio y panteón real—, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, fue levantado a instancias del rey Felipe II como conmemoración de la victoria de los ejércitos españoles frente a los franceses en la Batalla de San Quintín, que tuvo lugar el 10-VIII-1557, festividad de San Lorenzo.



Horarios de visita De octubre a marzo: 10:00h-18:00h. De abril a septiembre: de 10:00h-20:00h. (Lunes cerrado)

Tarifas Normal (10,00€), Reducida (5,00€), Niños menores de 5 años (gratuito)

www.patrimonionacional.es


Primeros diseños

El primer encargado de trazar el diseño del conjunto monumental fue el arquitecto Juan Bautista de Toledo, a quien Felipe II llamó de Italia —donde había colaborado con Miguel Ángel Buonarotti en la realización de la cúpula de la basílica de San Pedro de Roma— en 1559. Fue él quien realizó el plano general, proyecto al que se uniría más tarde (1563) el también arquitecto Juan de Herrera, precisamente el mismo año del inicio de las obras. Tras la muerte de Juan Bautista de Toledo en 1567, Juan de Herrera se hizo cargo del proyecto en solitario. Herrera, de formación humanística y auténtica personalidad renacentista —era también matemático y filósofo—, mantuvo, en parte, el proyecto de Juan Bautista de Toledo —basado en unas trazas de Vignola—, pero inauguraría su propio estilo.


El proyecto herreriano

El conjunto debía servir como panteón real y como foco de irradiación de la religión católica, de acuerdo con el espíritu de la Contrarreforma. Cuando Herrera se hizo cargo de la obra escurialense, sus líneas maestras, clasicistas, ya estaban afianzadas. Herrera aplicó, a partir de entonces, lo que pasó a denominarse, precisamente, arte herreriano. Éste estaba alejado de las recargadas decoraciones de la arquitectura renacentista plateresca e incluso clasicista, ya que incidía en construcciones de una arquitectura sobria y austera, muy del gusto de Felipe II y en consonancia con la época contrarreformista que se vivía entonces. En concreto, Herrera buscó la simplificación y una idea más geométrica del conjunto, para lo cual introdujo variaciones como el alzado de una planta más en la fachada principal —regularizando así la altura general—, la reducción del número de torres adosadas a la fachada y el cierre definitivo del denominado Patio de Reyes con la construcción de una “doble fachada” en la basílica, donde colocó la Biblioteca Real. Herrera construyó también las dos Casas de Oficios situadas frente a la fachada norte del monasterio.


Otros arquitectos

Participaron también en las trazas del conjunto, aunque con menor incidencia, otros arquitectos como Juan de Mijares, Giovanni Battista Castello il Bergamasco y Francisco de Mora, autor de la Casa de la Compaña y jefe de obras cuando éstas se dieron finalizadas de manera oficial (1584) —aunque la Real Basílica no se concluyó hasta 1586. Ya en la segunda mitad del siglo XVIII, el arquitecto neoclasicista Juan de Villanueva levantó la Casita del Infante y la Casita del Príncipe.


El interior

Por lo que respecta al interior, cabe mencionar en primer lugar el Panteón de Reyes y el Panteón de Infantes de la Real Basílica. En el primero, que ocupa una capilla circular situada bajo el presbiterio, se encuentran los restos mortales de todos los monarcas españoles —con sus respectivas madres— desde Carlos I hasta la actualidad, a excepción de Felipe V y Fernando VI. También cabe mencionar los dos cenotafios de Felipe II (1600) y Carlos I (1590), con sus respectivas familias, que flanquean el altar mayor, con esculturas orantes en bronce dorado obra de Pompeyo Leoni. En el Panteón de Infantes, por su parte, se conservan los restos de otros miembros de las respectivas Familias Reales.


La pintura y la decoración

En cuanto a la pintura y la decoración, en el conjunto de El Escorial trabajaron artistas italianos como Francisco de Urbino, Nicolás Granello y, especialmente, Luca Cambiaso, Federico Zuccaro y Pellegrino Tibaldi, autores de los frescos de las bóvedas de la Biblioteca Real, la sacristía y las salas capitulares, o la Galería de Batallas, y Luca Giordano, autor de los frescos de las bóvedas de la iglesia y la escalera principal —diseñada por Il Bergamasco—. Por lo que respecta a los españoles, sobresale el trabajo de Juan Fernández Navarrete el Mudo —el primer artista español que utilizó el cromatismo veneciano, aunque de forma sobria—, así como los retratos cortesanos que cultivaron con profusión, entre otros, Alonso Sánchez Coello y Juan Pantoja de la Cruz. También cabe mencionar las esculturas de Monegro; los Cristos crucificados de Bernini (bronce) y Cellini (mármol blanco); el retablo de la Sacristía, presidido por la Adoración de la Sagrada Forma, considerada la obra cumbre de Claudio Coello; los lienzos de El Bosco, El Greco y Velázquez, o el conjunto de tapices del siglo XVIII, confeccionados sobre cartones de Francisco de Goya.



FP



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